Las palabras se las lleva el viento

La vida se compone de decepciones, y las que más duelen son las que vienen de la gente a la que quieres.
Nos pasamos los días creyendo que tenemos unos buenísimos amigos, una buenisima familia... En definitiva, gente en la que siempre podremos apoyarnos. Pero a la hora de la verdad son pocos los que no se valen de la hipocresía. 
Como bien dice el dicho, siempre habla el que más tiene que callar, y nosotros vivimos rodeados de gente que siempre nos dice "te escucharé siempre que lo necesites, aquí tienes mi brazo por si lo necesitas" pero cuando lo precisamos lo retiran. Sin embargo también tenemos en nuestras vidas a personas que no dicen nada, pero con sus actos lo dicen todo.
Me decepcionó el amor, me decepcionó la amistad, me decepcionó la familia, incluso me decepcioné yo a mí misma por no haber previsto la caída. Sin embargo, los que no me decepcionaron fueron precisamente aquellos que no esperaba. Esas personas "secundarias", que no te recuerdan día tras otro que van a estar para lo que necesites pero que a la hora de la verdad son los únicos que están. Cuando todos te han abandonado, siguen ahí, porque siempre lo estuvieron, pero tu no supiste darles la importancia que merecían. Siempre damos prioridad a las personas que nos recuerdan que son "nuestros amigos", pero las verdaderamente importantes son las que lo demuestran. Desafortunadamente solo puedes descubrir a estas personas cuando pasas por malas rachas y necesitas ayuda, pero ojalá poder descubrirlas antes para darles toda la importancia que se merecen y no perder el tiempo con personas que no valen la pena.

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