La vida se acaba, los sueños se gastan, los minutos se marchan.

Vivimos haciéndonos los duros, sin embargo, todo el mundo tiene debilidades que a nadie le muestra. Una persona puede aparentar estar siempre feliz, puede aparentar que nada le importa ni le afecta, pero no es así. Hay mucha gente, más de la que podamos imaginar, que no tiene confianza consigo misma, que se mira al espejo y no ve nada bueno. Y seguro que tienen mil cosas por las que estar orgullosos, pero siempre nos fijamos en lo malo y en lo que no es demasiado importante.
Un físico, aún siendo perecedero y volátil, puede traer muchos dolores de cabeza. Obviamente nadie es perfecto, pero hay personas que se sienten acomplejadas con la integridad de su cuerpo, lo miren por donde lo miren. Y no debería ser así, porque llegados a un determinado momento de nuestras vidas nos daremos cuenta de que no se puede tener un cuerpo 10 y empezaremos a valorar muchísimo más otros de nuestros aspectos. Pero desafortunadamente la sociedad ha establecido tantos cánones absurdos de belleza, que pueden causar el malestar de cientos de personas por el simple hecho de no estar dentro de lo establecido.
Eso es algo que no se puede cambiar, la manera que cada uno tiene de verse a sí mismo. Porque podrán halagarnos, podrán intentar hacernos ver lo especiales que somos, pero no es tan fácil cambiar los pensamientos de alguien. Más en concreto, los pensamientos de alguien sobre su persona. Es una batalla que solo uno puede dirigir, y en sus manos está perderla o ganarla. Unos la ganan antes, otros la ganan después, y otros, en cambio, ni siquiera confían en que puedan ganarla.

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